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¿Conoces qué es la Cervicalgia o dolor cervical?

Cuando hablamos de Cervicalgia nos referimos a un síntoma de dolor de intensidad variable (leve, moderado o fuerte) asociado a las vertebras cervicales, que afecta los músculos del cuello y nuca, pudiendo extenderse a la cabeza, hombros y espalda, limitando así el movimiento. Esta dolencia se produce como resultado de una sobrecarga muscular prolongada y es causa de ausentismo laboral, generando altos perjuicios para el sistema de salud.

Se estima que entre 22 y 80% de la población ha sido diagnosticada de cervicalgia, en alguna etapa de su vida, afectando principalmente a mujeres de avanzada edad.

 

¿Cuántos tipos de cervicalgia existen?

El dolor cervical puede clasificarse en función de la intensidad del dolor y su tiempo de duración:

  • Cervicalgia aguda: se manifiesta con dolor fuerte y repentino de los músculos del cuello, debido a una contractura, comúnmente conocida como tortícolis. Esta afección desaparece en pocos días, solo en ocasiones se requiere de terapia física y analgésicos.
  • Cervicalgia crónica: provoca un dolor leve o intenso, pero constante, que se extiende como mínimo varias semanas, cuyas causas son diversas: bloqueos vertebrales, problemas mecánicos-estructurales, procesos inflamatorios, compresión de nervios o estrés; solo muy pocos casos necesitan una intervención quirúrgica.

 

¿Qué síntomas se manifiestan en el dolor cervical?

  • Molestias en el área del cuello, nuca y hombros, son los síntomas más frecuentes que se mencionan en consultas de un osteópata.
  • Dolor extendido o irradiado a la región dorsal alta y extremidades superiores
  • Rigidez y dificultad de movimiento para realizar tareas cotidianas
  • Mareos, vértigos, cefaleas y debilidad muscular pueden ser comunes en esta enfermedad
  • Alteración o pérdida del control motor voluntario se presenta con poca frecuencia
  • Visión borrosa puede presentarse en algunos casos, posiblemente asociada a compresión de nervios

 

Causas del dolor cervical

Existen distintas patologías relacionadas con el dolor cervical, aunque las causas son numerosas, aquí se presentan las más comunes.

  1. La causa principal son las contracturas musculares, que se originan a partir de movimientos bruscos o malas posturas, provocando fuerte tensión en la región cervical. Se presenta con frecuencia en personas sedentarias, que pasan largo tiempo en una misma posición corporal. O todo lo contrario, en personas que realizan actividad deportiva frecuente.
  1. La segunda causa más común de dolor cervical está asociada a deformaciones de los discos intervertebrales, los cuales se degeneran por edad o esfuerzo físico, provocando otras patologías como son:
  • Hernia discal-cervical, que genera una cervicalgia aguda y crónica, debido a la presión que ejerce el líquido del disco sobre los nervios adyacentes a la columna, limitando el movimiento y la calidad de vida.
  • Artrosis de columna, lesión producida por desgaste degenerativo y crónico de la superficie de los cartílagos, de la columna vertebral. Con frecuencia ocasiona dolor solo cuando se está en movimiento. Por lo general la padecen deportistas y personas con actividades laborales de mucha demanda física. O las personas de edad más avanzada.

 

  1. Enfermedades degenerativas como la estenosis también producen lesiones por compresión, bien sea en los nervios o en la médula espinal, a causa de una constricción del canal cervical.

 

  1. Otras afecciones asociadas con la presencia de dolor cervical, son aquellas derivadas de padecer problemas mecánicos-estructurales como la rectificación cervical o lordosis, que consiste en una disminución de la curvatura de la columna vertebral, debido a un exceso de carga muscular y articular, o del síndrome de latigazo cervical, que  origina un dolor leve en ésta región, pero sin  comprometer las raíces nerviosas. Suele ocurrir cuando actúan fuerzas de inercia sobre la cabeza de un pasajero, en un accidente de tráfico.

 

  1. Los procesos inflamatorios como la artritis reumatoide, conocida como un trastorno que ocurre cuando el sistema inmunitario ataca por error los tejidos del cuerpo, también puede desencadenar una cervicalgia, afectando el revestimiento de las articulaciones, que puede finalmente causar la erosión ósea y su deformidad. También se menciona la Espondilitis anquilosante, muy similar a la artritis reumatoide, pero se diferencia en que la afección articular es asimétrica.

 

  1. Una mala oclusión mandibular también puede conllevar a una presión involuntaria en los músculos del cuello provocando un bloqueo de las vértebras cervicales. Por lo general se relacionada con el bruxismo o hábito involuntario de apretar los dientes durante la noche, esta acción también genera cansancio y tensión en los músculos mandibulares, faciales y cervicales.

 

  1. También existen factores emocionales asociados al dolor cervical crónico, las situaciones de estrés son las que más influyen en esta afección, provocando contracturas musculares como una respuesta fisiológica del organismo. En la actualidad no se conoce bien como actúa este mecanismo, pero se relaciona con estados de ansiedad, depresión y exceso de trabajo corporal.

 

¿Cómo se diagnostica esta enfermedad?

Para diagnosticar con precisión la causa del dolor cervical se debe realizar una completa historia clínica, que abarca la valoración de la postura del paciente, conocer las características e intensidad del dolor, localizar las zonas afectadas y explorar las áreas hiperirritables de los principales músculos.

Si con ello no logramos identificar el problema, puede ser necesario solicitar una exploración de imágenes como estudios radiológicos, los cuales son útiles para detectar alteraciones estructurales, por lo general se recomienda radiografías en tres proyecciones: antero posterior, oblicuo y lateral, durante el primer mes de los síntomas.

En los casos en que se presuma la existencia de alguna compresión nerviosa se recomienda realizar una tomografía axial computarizada (TAC) y una resonancia magnética (RM), ya que estas pruebas se enfocan en tejidos blandos.

Otra exploración complementaria a realizar, es la electromiografía, un examen capaz de analizar la actividad muscular y nerviosa en estado de reposo y durante movimientos voluntarios, permitiendo así evidenciar si hay algún tipo de compresión.

Los análisis de laboratorio se deben indicar para descartar enfermedades de origen sistémico, procesos tumorales, infecciosos o inflamatorios.

La aplicación del Test de Klein es también recomendado para valorar la actividad de las arterias vertebrales, que puedan estar ocasionando lesiones y comprometiendo la irrigación sanguínea hacia el cerebro.

 

¿Cuál es el mejor tratamiento para la cervicalgia?

Dado que el dolor cervical generalmente está asociado a una sobrecarga muscular o una lesión nerviosa benigna, bastará con seguir algunos consejos prácticos para aliviarlo, basados en tratamientos tradicionales. Solo un pequeño porcentaje se trata como casos graves, que requieren de intervención quirúrgica. El tratamiento a seguir dependerá del origen de la cervicalgia y la intensidad del dolor.

El tratamiento tradicional o conservador incluye diversas técnicas de relajación muscular y de correcta postura corporal, que ayudan al paciente a mejorar el movimiento cervical. También valora el uso de fármacos analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos y esteroideos, así como relajantes musculares.

Uno de los tratamientos que ha demostrado ser más eficaz para el control del dolor cervical es el tratamiento manual. Desde la osteopatía, fisioterapia y otras técnicas manuales se trabajan las causas mecánicas que han llevado a esa situación de bloqueo articular y rigidez muscular. Si quitamos los obstáculos que impiden que el cuerpo pueda trabajar de forma libre, estaremos incidiendo en la verdadera causa del problema. En los casos donde ya exista una degeneración o ruptura de los tejidos, sean cuales sean, habrá que trabajar en combinación con las técnicas que nos ofrece la medicina reparadora.

 

La última opción a considerar en la cervicalgia, es el tratamiento quirúrgico, requerido en muy pocos casos para minimizar la presión en la médula espinal o en las raíces nerviosas, cuando el dolor es provocado por una hernia discal o por una constricción del canal cervical. También puede ser necesario para resolver problemas de traumatismos, para equilibrar la columna vertebral y reducir la posibilidad de parálisis por fractura.

 

Manuel Herrero D.O.

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